Cuando cumplí 8 años mis padres tomaron la decisión de ir a probar suerte a Tacuarembó –casi 400 kmt. de Montevideo- abriendo una parrillada frente al antiguo estadio de aquél departamento, pegado a la Laguna de las Lavanderas.Fue mi primer viaje en tren con camarote. Aún puedo recordar a mis tías despidiéndonos en la Estación Central con lágrimas y saludos con pañuelos como si nos fuésemos a otro país. Pero lo que tengo grabado en la retina tan nítido como si hubiese sido recién, es la luna llena imponente que nos acompañó aquella noche. No podía yo conciliar el sueño pese al rítmico compás de las ruedas del tren repiqueteando contra los rieles, que no paraban de repetir la frase que creí decían sin cesar: “cuatropesospocaplata; cuatropesospocaplata; cuatropesospocaplata”.
La luna se me hacía tan próxima y era tan luminosa, que me permitía ver el ganado y los árboles tan coloridos, casi como si de día fuese. Esa noche descubrí mil figuras en la luna, desde la madre con su niño, hasta el hada de mis sueños susurrándome que todo sería maravilloso en ese nuevo destino. Finalmente me dormí, confiando en las palabras de mi hada. Sin embargo empresarialmente, a mis padres no les fue nada bien. Pero el Estadio viejo y la Laguna de las Lavanderas pasaron a formar parte importante de mi historia personal. Aún puedo ver al negro Marcelino -cuidador del estadio con casi 70 años- que apenas vió desde su casa que había un camión de mudanzas en la casa deshabitada, no dudó en cruzar la ruta con su mejor traje y sombrero, y con un estilo de lord inglés se inclinó primero ante mi padre, luego ante mi madre y dijo: “para todo aquello que pueda servir de obstáculo, cuenten conmigo. Marcelino Pérez a sus órdenes¡¡¡” .- Aún hoy día con mi madre, cuando estamos ante una situación similar a la de una presentación o de ayudar a alguien, entre nosotras y riéndonos, utilizamos la frase del querido Marcelino. Siempre mechaba en la charla –le teníamos todos los días de visita en la parrillada- alguna frase o palabra que había aprendido o sentido de rebote, pero que a él le sonaba como muy importante y grandilocuente.
Hoy, viendo un aviso de la Patria Gaucha en tv, que se celebra todos los años en la Laguna de las Lavanderas, me invadieron los recuerdos, los sueños rezagados, las nostalgias de la alegría vivida, la inocencia mas pura de otrora.
Hoy se definitivamente que mi hada no se equivocó pues en Tacuarembó, viví los años mas dorados de mi infancia. Claro que eso lo comprendí ya de adulta, como todo “darse cuenta de…….”. Porque madurar, lleva su tiempo.
