Hace seis años atrás, A. y yo comprábamos ésta casa a la que hoy renuncio y estoy vendiendo. Hace 6 años atrás, A. y yo teníamos un proyecto de vida juntos que implicaba que dentro de 2 años, cuando él se retirase de su actividad laboral en su país y yo continuase trabajando aquí, él dejaría su querido Vigo y vendría a ésta, nuestra casa en Montevideo a la que armé y arreglé conforme a nuestros gustos comunes, pero básicamente tomando en cuenta sus “mariconadas” de veterano ermitaño. En nuestro dormitorio, colgaban nuestras caricaturas hechas en la Plaza Mayor de Madrid por un hindú, a las que enmarqué en vidrio. Hoy sólo queda la mía y el agujero en la pared del clavo que sostuvo la suya, hasta que ésta se cayó y el vidrio se destrozó contra el piso. Quizás debí de tomar esta caída inesperada, como un vaticinio, quién sabe.
Desde hace casi dos años, A. tiene un tumor cerebral, el que pese a la operación, quimio y demás historias, ahora ha redicivado en un 20%.
Hoy A. ya no vé prácticamente, me lo comunicó por estos días.
Ya dejó de tener sentido la barbacoa que mandé hacer especialmente “a su manera” en el fondo, y hasta el armado de éste escritorio -desde el cual escribo a diario, cuando estoy en casa- para que por las mañanas él tomase su café con un pitillo, leyendo los diarios por Internet.
Aclaro amigos, que no estoy de bajón. Es algo más que conversado entre nosotros y asumido a fuerza de muchas lágrimas pasadas. Ya no hay dolor casi, salvo esta “sala de espera” hacia no sé donde y no sé por cuánto.
Son realidades. Cada uno de nosotros cargamos con mochilas que por momentos se nos vuelven fáciles de cargar, y por otros, tremendamente difíciles. Por cierto que no salto en una pata de felicidad por esto¡¡ Por momentos me siento muy diminuta y como perdida entre gigantes. Pero digamos que no puedo remediar, lo que no tiene remedio. El no puede venir a vivir aquí, pues la seguridad social de España nos pasa por lejos, además de que en su estado, ninguna mutualista aquí lo tomaría. Por otra parte yo no puedo abandonar mi actividad laboral, ya que soy el sostén de mi núcleo familiar.
¿Qué explicación “lógica” tiene ésta situación? Nuestros sueños frustrados, y las fantasías anheladas en Punta Colorada, qué?
Sin embargo entiendo que todo tiene un principio y un fin –hoy lo comenté en relación a otro tema, en el blog de Santi- y si algo carece casi siempre de explicación, es la inevitabilidad de la muerte. Y creo que lo más honroso que puedo hacer por A. en estos momentos, es hablar con naturalidad sobre lo que estamos transitando.
Hoy intenta tranquilizarme con su “gordis, qué tal?” telefónico, sabiendo que muero por ser su lazarillo. Lo único que me consuela, es que cuando hemos estado juntos, le hemos exprimido sabor y goce a la vida a full.
Por eso gente, es que escribo estas líneas. No porque necesite compasión ni conmiseración por vuestra parte, simplemente lo hago como una "invitación" a cada uno de nosotros a intentar siempre vivir la vida al máximo, sin colgamentos; que le saquemos hasta la última gota de placer y disfrute; que no hagamos alianzas con rencores ni dolores que nos aparejan sufrimiento; que de una vez por todas tomemos coraje y nos apartemos de aquellas cosas, situaciones o personas que nos vienen haciendo daño, pero tenemos miedo de desechar…………… simplemente por temor; que nos arriesguemos a jugar a "pleno", cuando nuestro olfato o intuición nos guiña un ojo hoy, pues mañana puede ser demasiado tarde.
Reitero el concepto: cada cual haga el comentario que quiera, por cierto. Pero no pretende ser este post, un libro de pésames pues no lo es, y además A. odia “hacer el ridículo”, pese a que fue siempre un payaso por antonomasia y lo continúa siendo, al menos hasta diciembre cuando me volví. Pretende ser un llamado a la reflexión en cuanto a la “calidad de vida” que estamos teniendo; al transcurso inexorable del tiempo; a las planificaciones “a futuro”, a las cuales el destino, ni puto caso.
Un abrazo enorme a tod@s. Se les quiere por aquí.
Zully