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miércoles, 27 de abril de 2011

Sueños

Transcurren varias noches que te cuelas en mi cama, apenas conciliado el sueño.



Y me susurras tus poemas inéditos, esos que jamás verán la luz y que llevas guardados en una cajita de fósforos quemados. Y sueño que sueño tu voz en mi oído,  revelándome paisajes que nunca visité, mientras tus manos recorren una geografía desconocida, ondulada y dócil, de temperatura cálida, que poco a poco se torna en   húmeda y caliente.


Y sueño que sueño que muerdo mis labios resecos,  buscando en los tuyos la savia hidratante. Y mientras nuestras lenguas confirman mil sensaciones intuídas en tus letras, siento ceder complacida, la sequía que había instalada en nuestros labios, que entre beso y beso sonríen, al ver llegado el riego.


Y sueño que nuestras  manos y bocas  pintan un cuadro de Monet sobre un lienzo hecho de piel, pincelado con matices de palabras dichas a medias y suspiros, respiraciones entrecortadas y silencios.


Y sueño que siento tus dedos y labios sobre mí continuar su camino, y es tan grande el deseo que van encendiendo, que los míos se vuelven inertes, tullidos,  testigos involuntarios e incapaces de frenar la ebullición que en mí germina.


Y aún cuando sueño en acabar  contigo el cuadro que juntos comenzamos, se me nubla la visión, voy perdiendo fuerzas intentando hacer oír mis gritos, que sordos  mueren en mi garganta.


Y  sueño que sueño que formo parte de una nube  del color de tu pelo, donde no respiro, solamente existo al compás de tu ritmo. Y por unos momentos eres mi titiritero, el que me ha conducido hasta esa trampa de pasión y  deseo, mientras tú, espectador exclusivo, sientes el preludio anunciado por mi cuerpo semiarqueado y  finalmente contemplas extasiado, la  fuga del placer  que de mí brota y se estaciona en mi rostro transpirado y en los gemidos roncos que emergen, al sentirse  liberados. 


Y ya semidormida, cuando comienza a amanecer  antes de irte, te vuelves a mi oído y me susurras: “ya no volveré esta noche”, pretendiendo olvidar que lo repites siempre. Y como siempre lo hago,   sonrío ante tu engaño.


Y cuando por fin despierto y no te encuentro, me refugio en el recuerdo del sueño que soñé. Mientras, vivo el día añorando el sol se oculte y mis párpados cansados se cierren por el sueño,  para no faltar a la cita entre dos náufragos errantes, que se encuentran cada noche para  anclar sus orfandades.

                                                           Zully


PD: ver también  http://zulymaruy.blogspot.com/2009/02/mis-sentidos-en-ti.html

jueves, 12 de febrero de 2009

Mis sentidos en tí

A mis sentidos les debes el que hasta hoy, te lleve tan impregnado en mi sangre. Coloco la cabeza en la almohada, me acuesto de tu lado, el que gentilmente me cediste por cortesía el primer día para luego mandar a guardar la cortesía y exhibirme tus títulos de propiedad sobre el lado izquierdo de la cama. No me importó demasiado esa contienda, ya que el deleite que recibían mis oídos al escuchar tu voz retumbar en mi cabeza conmigo recostada sobre tu pecho desnudo, mientras me leías el libro o la noticia que tenías entre manos, derrotaba cualquier intento de reconquista. Tu voz castiza y profunda, que se iba apagando a medida que mi mano izquierda inventaba filigranas sobre tu cuerpo, entreteniéndose entre una coma y un pezón, un punto y aparte y un dibujo entre tu vientre y tu ombligo. Esa voz querida que iba enronqueciendo y tornándose mas lenta, mientras mi oído derecho seguía pegado a la biografía de Churchill y el otro, al largo suspiro que dejabas escapar mientras dabas vuelta la página y mis dedos decoraban con pétalos invisibles tu bajo vientre. Intentaba descifrar las palabras que tus labios pronunciaban torpemente ante tu insistencia por leer con los ojos semicerrados y el libro semicaído, mientras mi lengua mojaba tu oreja, visitaba tu cuello y recorría el camino ya labrado por mi mano. Mi vista se regodeaba al ver el rostro afable del pobre Churchill dando contra el piso, mientras mi olfato se llenaba de los efluvios que emanaban de la retama próxima a tu hombría, y ella, emergente, rendía pleitesía a mi devoción, inundando mi boca con tu mar salado.